Lcda. Ana Margarita Wyss

Psicóloga Clínica y Terapeuta Gestalt 

SelfMind – https://www.instagram.com/selfmind58/ 

 

 

“Reconstruyendo la historia de mi propia vida, he comprendido que parte de mi ser mujer responde a una transmisión de patrones culturales vividos por las mujeres de mi familia, una herencia familiar y social contenida de violencia, silencios, deslegitimación, imposiciones y restricciones. Que mis abuelas, mi madre, las mujeres de mi familia y yo misma repitiéramos patrones de desamor, subordinación y violencia que responde a un sistema patriarcal, en el cual, desarrollamos nuestra existencia; así, mi propia construcción social fue a partir de una educación que me enseñó a negar mi cuerpo, a disciplinarlo, a cargarlo de valoraciones negativas, aprendí a parcializar la experiencia del cuerpo dejando de verlo como una totalidad e integralidad… la represión me desvitalizó construyendo corazas que me permitieran sobrevivir al miedo, la violencia y al dolor…”

Testimonio de mujer guatemalteca, 2020

 

Alguna vez te has preguntado, si existe la posibilidad de ser la soberana de todo tu ser y de todo el territorio que habitas ¿?… y de pronto, en estos momentos, al leer esto te estés preguntando, ¿qué significa el territorio que habitas, la soberanía o cómo se construye la soberanía de sí misma? Aunque parece complejo el simple hecho de leerlo y pensarlo, considero que es una oportunidad para expandir estas ideas desde la curiosidad, darle todo el espacio necesario a que se pueda explorar, imaginar, conocer, sentir, palpar, digerir, y  sólo así, comenzar a reconstruir un nuevo camino para la recuperación de la autoestima como un acto de amor y resistencia ante todas aquellas vivencias que se atraviesan tras la violencia machista patriarcal ejercida bajo estructuras sistémicas articuladas, las cuales pueden estar presentes en diversos contextos, vínculos familiares, relaciones de pareja, amistades, espacios políticos, públicos, culturales, laborales, institucionales, entre otros.

Por ende, cuando hablamos del territorio que habitamos es comprender y entender que nuestros cuerpos son el primer territorio de defensa que nos acompaña desde el inicio de nuestros días hasta el último de ellos; reconocer que no sólo nos referimos a algo físico, sino que transgrede al poder propio, la autonomía y la dignidad. A través del cuerpo comenzamos a experimentar sensaciones que se convierten en emociones, se construyen experiencias, recuerdos, es donde se concentran nuestras memorias ancestrales y propias, se construye una identidad, el deseo, los límites, los placeres, las decisiones, los dolores, las memorias de violencia y sobre todo la libertad de ser. 

De los ejercicios fundamentales que necesitamos hacer de una manera honesta, amorosa, reflexiva y cuidadosa con nosotras mismas es cuestionarnos qué tipo de vínculos tenemos a nuestro alrededor, especialmente con aquellos más cercanos y que conforman nuestro diario vivir, como los vínculos sentimentales/amorosos o familiares u otros, observar si son relaciones abusivas, que ejercen control de maneras directas o sutiles que conllevan a manipulaciones, sumisión, amenazas, desgaste emocional. Reconocer nuestros patrones en las formas de vincularnos con otros, los mandatos o creencias limitantes que fueron inculcados dentro de nuestra educación familiar y social, los cuales nos hacen entrar a un egregor de violencia y respuestas agresivas, a un bucle o círculos de violencia repetitivas. 

Darnos permiso a que existan estos cuestionamientos teniendo presente que puede aparecer información incómoda y que lleve a un análisis profundo de desestructurar patrones aprendidos que permita poco a poco darnos cuenta de la realidad en la que se vive, de reconocer que existe violencia y a consecuencia de ello, hay secuelas internas que habitan en el cuerpo, la mente y el alma, da la oportunidad de tener un proceso de contacto consigo misma porque reconstruir el autoestima significa volver a conectar con todo lo que habita en mi ser, con las necesidades que estuvieron descuidadas y desvalidadas por los constantes abusos.

Por consiguiente, en los procesos donde hubo o existen contextos abusivos y violentos es necesario verlo desde una perspectiva amplia e interdisciplinaria, y no únicamente como un proceso individual. Como parte del proceso de contacto, empoderamiento, apropiación de la soberanía integral del ser, habitar la cuerpa como primer territorio de defensa, integración de las polaridades, ajustes creativos como mecanismos de defensa, recuperación de la autoestima, autoaceptación y autopercepción es necesario tanto el proceso individual como la construcción de un proceso colectivo porque es visto como un problema social, el acompañamiento tanto psicológico con miradas transgeneracionales e intergeneracionales, como con procesos socio-antropológicos, jurídicos y políticos, ya que toda niña, adolescente y mujer adulta son sujetas de derecho y tiene derechos fundamentales.

Para sanar las heridas tangibles pero aún más profundas como las intangibles, es necesario sumergirnos en las memorias de la propia cuerpa; como lo ha referido en una entrevista la sanadora Lorena Cabnal, fundadora del movimiento feminista comunitario-territorial en Guatemala y de la Red de Sanadoras Ancestrales del Feminismo Comunitario: “no podemos hacer la lucha contra el machismo, contra el racismo, contra el neoliberalismo con cuerpos enfermos, con cuerpos entristecidos, con cuerpos deprimidos, porque una de las intencionalidades del sistema patriarcal es que las mujeres tengamos los cuerpos infelices”.