Devocional: Las cosas que hacen la paz

Título: Cómo extender la paz “para que podamos extender nuestros brazos y consolar”

Citas bíblicas:

“No dejen de amarse unos a otros como hermanos. 2 No se olviden de ser amables con los que lleguen a su casa, pues de esa manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles. Acuérdense de los presos, como si también ustedes estuvieran presos con ellos. Piensen en los que han sido maltratados, ya que ustedes también pueden pasar por lo mismo”. (Hebreos 13:1-3, DHH)

Hagan suyas las necesidades del pueblo santo; reciban bien a quienes los visitan. Bendigan a quienes los persiguen. Bendíganlos y no los maldigan. Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino pónganse al nivel de los humildes. No presuman de sabios. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. 18 Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos. Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: «A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.» Y también: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza.» No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal. (Romanos 12:13-21, DHH)

Trasfondo

La hospitalidad juega un rol importante en el concepto de shalom. La hospitalidad significa más que hacer sentir a la familia y amigos bienvenidos en nuestros hogares; se trata de suplir las necesidades de cualquier persona que encontremos, particularmente las de los extranjeros. En los tiempos bíblicos, la hospitalidad se le daba a las viudas, huérfanas y huérfanos, a las y los pobres, e inmigrantes de otras tierras, personas que no tienen un estatus legal en una familia o en la comunidad.

La hospitalidad es darles un buen recibimiento a dichas personas en la tierra de una/uno, hogar o comunidad y directamente proveer para sus necesidades de alimento, agua, refugio, ropa y respeto. La hospitalidad y la justicia son inseparables, ya que si a alguna persona le falta estas necesidades, la justicia no estaría presente completamente en la sociedad y la paz no puede suceder sin justicia.

Aunque la palabra “hospitalidad” no se encuentra en las escrituras hebreas, Dios le recuerda al pueblo deben cuidar y amar a los extranjeros quienes estaban viviendo entre ellos: “No maltrates ni oprimas a los inmigrantes porque ustedes también fueron inmigrantes en Egipto. No maltrates a las viudas ni a los huérfanos. Si los maltratas y ellos me piden ayuda, con toda seguridad que yo los voy a oír. (Éxodo 22:21-23; ver también Deuteronomio 26:1-11 y Levítico 19:9-10, 22-34).

Además de los mandamientos para practicar la hospitalidad, las escrituras hebreas también incluían ejemplos de hospitalidad. Abraham saludó a tres extranjeros y luego les dio agua, hospedaje y alimento (Génesis 18:2-8). Abraham no extendió la hospitalidad para ganar el favor de los extranjeros, aunque eran mensajeros quienes compartieron el plan de Dios para Sara. Rut, una de las ancestras de Jesús, hospedó a Noemí y ella recibió hospitalidad de Booz (Rut 2:1-17) Estos dos actos de hospitalidad no solo satisfacían las necesidades básicas humanas sino formaron nuevas relaciones sobre las líneas nacionales, étnicas y religiosas. Job, cuando confesó los pecados de su pasado, incluía una petición de perdón por las veces cuando no había practicado la hospitalidad (Job 31:16-32).

En el Nuevo Testamento, la palabra griega para “hospitalidad” es filoxenia, que literalmente significa “amor por el extranjero”. Jesús enseñó la hospitalidad y la modeló en sus acciones de recibir a extranjeros, comiendo con cobradores de impuestos y pecadores, sanando sin importar la nacionalidad o religión. Jesús apareció como un extranjero cuando se unió a los hombres que iban camino a Emaús (Lucas 24:28-35). Solo cuando ellos invitaron al Jesús resucitado para compartir la mesa y el pan sus ojos fueron abiertos ante Su presencia. Cuando recibimos a otras y a otros a nuestras mesas y a nuestros hogares, los extranjeros/as que son invitadas/os pueden llegar a ser huéspedes divinos/as.

Muchas de las parábolas de Jesús hablaban de la hospitalidad. En respuesta a la pregunta: “¿Quién es tu prójima/mo?” Jesús contó la parábola del buen samaritano quien fue el único que mostró hospitalidad al viajero en necesidad (Lucas 10:25-37). La historia afirma la carencia de fronteras humanas, límites y restricciones de méritos al decidir amar y mostrar acciones justas.

Jesús también menciona las actitudes y acciones de los religiosos en la parábola de los dos hijos (Lucas 15:11-32). El padre muestra hospitalidad a sus hijos, ambos que han llegado a ser extranjeros: uno que huye y desperdicia su herencia en una vida desordenada y el otro al dejarse absorber por el enojo y el resentimiento.

Finalmente, Jesús contrastó los valores de Dios y los valores del mundo en la parábola de las ovejas y las cabras (Mateo 25:31-46). Nuestro llamado es a hacer lo que muestra amor, lo que es justo de acuerdo con la dignidad de la persona, de la persona quien recibe estas acciones, no porque vamos a recibir una recompensa.

El escritor de Hebreos conecta las enseñanzas éticas de Jesús sobre la hospitalidad con la historia antigua de Abraham y Sara diciendo: “No se olviden de ser amables con los que lleguen a su casa, pues de esa manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2).

¿Qué significa la hospitalidad para nuestra vida?

Dios espera que nosotras y nosotros, como personas individuales y como comunidad de fe, que tratemos y compartamos con las personas (aun con las desconocidas y con las enemigas), sin parcialidad. Las Escrituras nos enseñan que la hospitalidad es una obligación moral y una expresión de nuestra gratitud por el amor de Dios. Además, debemos estar dispuestas y dispuestos a las formas en que Dios puede revelar su propósito o llamado divino a través de las/los extranjeras/os u otras personas que no esperamos. Practicar la hospitalidad es cómo vamos a vivir como el pueblo de Dios.

Las y los extranjeros en necesidad en nuestro tiempo no solo son las viudas, huérfanos e inmigrantes. Las personas que están buscando dignidad y trabajo, quienes han perdido casas y han perdido la esperanza o han sido abandonadas/os por amistades y familia. La o el extraño entre nosotros puede ser alguien a quien hemos conocido toda nuestra vida, pero nos hemos dado cuenta que en el fondo, no le conocíamos. El extraño o extraña también puede ser alguien a quien nunca antes habíamos conocido, pero cuya vida se intersecciona con la nuestra de forma oculta y misteriosa. ¿Cómo escuchamos la palabra de Dios si nos alejamos de las personas que pueden ser las y los mensajeros de esa palabra?

Practicar la hospitalidad no significa que los edificios de nuestras casas o iglesias se conviertan en hospedaje o lugares de alimentación, o en clínicas de atención, o en agencias de servicio social. Podemos practicar la hospitalidad en muchos lugares y establecimientos y con otros grupos. Practicar la hospitalidad no se hace con solo apoyar otras organizaciones sin reunirse, sin estar comprometidas con ellas y sin relacionarse con las y los extranjeros.

¿Qué estamos llamadas y llamados a hacer?

La hospitalidad comienza en los corazones, mentes y vidas que están abiertos a la presencia transformadora de Dios. Tal y como acontecía en el pasado, Dios puede venir a nosotras y nosotros de maneras sorprendentes a través de personas sorprendentes. Cuando colocamos condiciones sobre la valía o el mérito de aquellas y aquellos a quienes daremos la bienvenida, limitamos nuestra propia apertura al poder del Espíritu y su presencia, en tal caso nuestro enfoque se centraría más en las reglas y rituales que en las relaciones y el espíritu hospitalario.

Cuando pasamos de la hostilidad a la hospitalidad, nuestras acciones traen sanidad y paz a aquellas y aquellos a quienes tocamos y a nuestra propia comunidad. Estamos llamadas y llamados a estar abiertas a las necesidades que se nos presentan y a buscar también las necesidades que no son visibles en muchos casos, el extraño puede estar cerca, pero escondido de la vista por miedo o vergüenza. Los trabajadores y trabajadoras indocumentadas, las personas que escapan de situaciones abusivas son dos grupos que pueden necesitar el ministerio de bienvenida, pero su necesidad no es tan visible. El ministerio de hospitalidad puede requerir que nos movamos de las zonas de confort de nuestros edificios e iglesias y de nuestros hogares hacia lugares distintos donde podremos encontrarnos con las y los “extrañas/os” de nuestro tiempo.

 

Actividad: respondiendo a la palabra

Cuadro de la hospitalidad

Prepare un cuadro o una tabla con las características como aparece abajo. Comparta una copia o haga rótulos con las características y comparta círculos de colores o stickers de colores para cada clasificación. Invite a cada participante a colocar un círculo o sticker en las columnas adyacentes, de acuerdo a cómo ve o cómo se siente con la descripción que aparece en la columna izquierda. Invitar a cada persona a colocar los círculos de colores en cada grupo de acuerdo a su actitud o a la percepción que se tiene (ya sea personal o como iglesia.

 

Fuente: Tomado del material de estudio bíblico de PC(USA) en inglés https://www.presbyterianmission.org/ministries/peacemaking/season-peace/. Sesión No. 4. Traducción libre por Emerson Morales, Esvin Sirin y Nancy Carrera, Programa Encuentros Interculturales de CEDEPCA.